Autor: Lorenzo Silva.

Podría ser que un día al ver los titulares de las noticias mientras comemos o cenamos, porque son los mismos normalmente, apareciera un suceso como el que Lorenzo Silva nos destapa en la novela El mal de Corcira. Porque la sociedad gusta de asociar el presente al pasado, estigmatizar a las personas por vivencias y compañías que parecen marcar más a quienes nos observan que a nosotros mismos.

Un señor en una edad en la que tiene más ganas de vivir que energía en su cuerpo por el desgaste de los años, es encontrado muerto en una playa de Formentera. Ese maduro caballero fue miembro de ETA en el pasado. Quizá por eso o por una mezcla de razones encabezadas por la intransigencia, la ignorancia y el miedo, no vivió su sexualidad como le hubiese correspondido a la edad en la que cualquier hijo de vecino empieza a dar rienda suelta al arsenal de hormonas que desprende.

El guardia civil Rubén Vila, o Bevilacqua en realidad, se ve sumergido en el asunto por orden de su superior, a pesar de que hace tiempo que sus competencias no van más allá de Madrid. Él, como Igor, el asesinado, tiene antecedentes profesionales en el País Vasco. Pero enfrentados a los del muerto. Jugaba con el equipo visitante, por así decirlo. No deja de ser llamativo el paralelismo vital entre uno y otro tras años de existencia ligada a un mismo cordel, aunque colgaran de extremos opuestos.

La novela comienza con una intervención policial intensa. Aparecen ahí ya los principales nombres que nos acompañarán durante los sucesivos capítulos. Cabos, sargentos, coroneles, etc. Todos miembros de la Guardia Civil. Es una forma de colocar a cada jugador en su puesto para que nos hagamos una composición de lugar antes de seguir avanzando. Útil y efectiva.

Dichos personajes poseen un carácter muy bien descrito y muy fácil de distinguir de los demás. Silva utiliza mucho el diálogo, y la forma de hablar de unos y otros es determinante para la imagen mental que nos hacemos de ellos.

Los treinta capítulos se suceden intercalando, como viene siendo habitual, lo previo y lo presente. La novedad es que nos lo cuenta Vila en primera persona todo. Así al hablar de lo que ya ocurrió lo hace desde el ahora, nos narra recuerdos que han influido o influirán en el caso que le ocupa.

No hay medias historias, los sucesos del pasado son contados de principio a fin, lo que alimenta la satisfacción del lector cada pocos capítulos. Así evita la intensidad de un thriller. Lo convierte en una novela policíaca que podemos disfrutar a sorbitos.

Cabría hacer mención a temas como la influencia de la naturaleza de cada persona a la hora de ejercer bien o mal determinadas profesiones. Al mismo tiempo resulta interesante observar que con caracteres muy dispares también cabe la convivencia y el aprecio si hay un objetivo que sobrepasa el bienestar individual.

Las continuas y esenciales referencias literarias que plasma cuando tiene una oportunidad son muy destacables. Así mismo, la complicidad con el lector a través de la conexión de momentos de la novela con sucesos actuales, es también significativa.

No sé cómo dar por cerrada esta reseña sin contar lo que nos gusta descubrir a todos en una lectura. Sólo diré que El mal de Corcira da para tazas de café y mucha tertulia…

Nº de páginas: 540.

Ediciones Destino.

Año de edición: 2020.

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1 comentario

  1. Muy buena reseña, Dan ganas de empezar a leerlo ya. Lo leeré muy pronto.

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