Autor: León Tolstói.

Un constante conflicto personal que niega el sosiego, la paz interna y con todo, la felicidad.

Hacía años que me tentaba la idea de leer a algún autor clásico ruso pero zambullirme en un tomo de literatura hacía que siempre encontrara una excusa para no decidirme. Al fin encontré mi momento, no tuve que escoger porque en casa solo tengo Ana Karenina y a todas luces era una magnífica manera de empezar este viaje hacia el país de los zares.

Antes de entrar en materia me voy a permitir aconsejaros una edición que sea adecuada a vuestro estilo. La mía es como un archivo comprimido, quedando el número de páginas habitual de esta novela reducido casi a la mitad. En un e-book podría haber solventado esta cuestión y si hubiera acudido a una librería también habría buscado hasta encontrar el tipo de edición deseada.

Siempre que afronto una lectura que intuyo valdrá la pena guardar en la memoria, cojo papel y lápiz y voy esbozando el árbol genealógico de los personajes que van apareciendo o las relaciones que les unen. Tolstói hace fácil esta tarea porque los introduce al principio pero describe psicológicamente a cada uno a lo largo de la trama, dándoles protagonismo en un momento determinado y ayudando así al lector a organizar datos y establecer nexos entre unos y otros. Aún así no son muchos los que adquieren un rol clave para la comprensión del mensaje principal de la obra.

La lectura está organizada en ocho partes y cada una de esas partes está subdividida en capítulos muy cortos que motivan para ir consumiendo este manjar a bocaditos y así tener la oportunidad de saborear cada detalle.

Hay múltiples aspectos sobre los que se podría abrir debate, analizando y cuestionando escenas, actos y pensamientos. En suma, el eje de todos ellos son las relaciones amorosas y las distintas perspectivas desde las que se pueden ver. Todo enmarcado en la sociedad rusa de la segunda mitad del siglo XIX y en los círculos más relevantes de Moscú y San Petersburgo casi siempre. Existen, por supuesto, otros temas que se derivan en mayor o menor medida del citado: el papel que debe o quiere seguir el hombre y la mujer en cada caso, la relevancia de la religión en sus vidas, el cariño innato o no hacia los hijos y las hijas, la importancia de escalar socialmente o caer en absoluta desgracia, la decisión de anteponer la carrera profesional a la vida personal, la muerte como un acto digno o deshonroso, la influencia de la política en los quehaceres diarios, la filosofía de la razón como puente hacia la felicidad…

El protagonismo es sin duda para las dos historias de amor principales. Sus personajes te enamorarán por la autenticidad de sus sentimientos. Tolstói narra reflexiones internas que le hacen a uno pensar en la naturaleza del ser humano y cómo ésta no ha cambiado a lo largo de los años. Él, inmutable en su esencia, varía con las circunstancias sociales o políticas que le tocan vivir. Intentar oponerse a ello puede traer consigo un magnífico y constante conflicto personal que niega el sosiego, la paz interna y con todo, la felicidad.

La inteligencia también se deja observar como una alternativa para seguir viviendo, otro elemento que permanece en el tiempo.

Seamos conscientes de que a fecha de la publicación del libro la revolución bolchevique aún no había llegado. Sin embargo, y quizá por ello, llama extraordinariamente la atención cómo se narran hechos de la vida de los campesinos y los señores. Las relaciones económicas, laborales y sociales entre dueños y jornaleros están cambiando y no todo el que se considera parte implicada tiene el mismo punto de vista. Al fin, constituyen el preludio de lo que acontecerá pocos años después en Rusia.

Un tema que me apasionó y despertó en mí el interés por investigar un poco más fue el de los duelos entre caballeros. Tolstói los introduce con la clara intención de mostrarnos que es un acto ya casi superado en la Rusia del XIX, poco frecuente entre la alta sociedad, sin duda como algo positivo y relacionado con el progreso. En mí causó la sensación opuesta. Increíble que fuera una opción para salvar el honor de las personas hasta principios del siglo XX.

El gran final de la novela lo desvela Tolstói en las últimas líneas. El esperado desenlace no es saber cómo acaban las historias que se enmarañan capítulo a capítulo. Como en una fábula encontramos una moraleja, en un novelón de mil páginas se nos desvela la respuesta a la gran pregunta, la que se han hecho los seres humanos desde que el mundo es mundo hasta superado ya el inicio del siglo XXI. Esa sorpresa constituye para mí la esencia de la novela, la clave para todas las tramas expuestas. Una gran enseñanza y una manera inigualable de cerrar un final.

Año de publicación: 1877

Editorial: Edimat

Colección: Clásicos de película.

Nº de páginas: 496

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3 comentarios

  1. Este libro lo leí hace unos 20 años y ahora al leer las reflexiones y comentarios que haces sobre el contenido del mismo me estoy pensando volver a leerlo.

  2. Me lo anoto para adquirirlo en breve jejeje y poder disfrutarlo con tranquilidad!!

  3. Como te comenté ayer por twitter, lo releí hace unos cuatro meses y lo disfruté muchísimo. Tolstói es una apuesta segura pero es cierto que leer sus obras en la madurez puede resultar mucho más gratificante que en la juventud.
    Un beso

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