Autor: Jane Austen.

La sociedad inmutable.

La lectura de Emma la afrontas con ilusión, con ganas de sumergirte en la literatura del XIX, cuidada y envolvente. Jane Austen nos presenta a todos o casi todos los personajes en las primeras páginas, por lo que despierta en ti la desesperada necesidad de apuntar nombres, características, familiares y demás detalles que te ayuden a dominar los que serán tus guías hasta llegar a descubrir la verdadera naturaleza de nuestra protagonista. Antes de lo que te imaginas formas parte de todos ellos y el folio donde garabateas te sirve de marcapáginas o ni eso siquiera.

Una niña rica, lista y que cuida a su padre por sobre todas las cosas. No la hay más bondadosa y más atenta con todos los que la rodean. Pertenece a la alta sociedad de un pueblo. No puede salir de ahí, perdería su estatus. Como buena representante de su clase, no trabaja, pero es de mente inquieta y de ideas muy claras. Obsesionada con hacer de casamentera, Emma se mete dentro de ti hasta sentir como ella siente, hasta pensar como ella piensa.

Hay que trasladarse al siglo XIX, a la alta sociedad británica, para entender que el hilo conductor de Emma sean las bodas y la habilidad para relacionarse socialmente de manera tan adecuada que no reste importancia a su estatus o que garantice la continuidad de éste. A través de encantadoras dudas, desengaños, falsas certezas y conductas sorpresivas que llegan a romper los esquemas de la niña rica, se pasan las horas de un lector que duda si seguir leyendo por el miedo de acabar comparando la novela con un patio de vecinas. Pero sigues, sigues porque mentalmente te domina, porque podrían ser tus amigos, tus conocidos, porque ya eres uno de ellos.

Hay un paralelismo entre hechos que ocurren ahí y aquí, en el mundo que nos rodea. Jóvenes cuya principal afición es mostrarse atractivos y ocurrentes ante los demás; padres que temen que sus hijos les den de lado cuando encuentren su camino; personas que se victimizan para ganar favores de familiares; chicos que se declaran, chicas que les rechazan, o, al contrario; miedo al amor… Sin embargo, nos situamos a años luz en la forma y los modales, y quizá sea la clave del embrujo que te hace sostener el libro abierto todo el tiempo de que dispongas.

Para que no dudes en acercarte a este clásico diré que desde el inicio la autora te atrapa. No es Emma la que narra en primera persona pero sí su más fiel admiradora, o así nos lo hace creer Jane Austen en numerosas ocasiones.

Dirección y sorpresa. Esto hace Jane Austen con nosotros durante toda la novela. Nos dirige el pensamiento a través de descripciones de caracteres, situaciones o sentimientos. Y nos sorprende por la similitud del escenario de sus personajes con muchos espacios que nos rodean y que están ocupados por personas nacidas después de 1980.

El mejor momento de la vida para leer Emma es aquel en el que necesites sentir que hay cosas que no cambian; es entonces cuando Emma te resultará tremendamente satisfactoria. Te familiarizarás con sus tramas, situaciones y diálogos. Austen tiene la habilidad de meter al lector dentro de la novela, como si fuera un personaje más que deambula por cada página callado y observando. Lo más inquietante es que traspasa la piel, donde siempre opinaste blanco ahora opinas negro. Cuando terminas el capítulo caes en la cuenta de la maravillosa argumentación que la autora ha llevado a cabo para incluso hacerte ver toda la historia desde el punto de vista del personaje en torno al que parece girar el mundo: Emma. 

Título completo: Colección Integral de Jane Austen.

Editorial: e-artnow.

Fecha de edición: 2014.

Fecha de publicación de Emma: 1815.

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