Autora: Najat El Hachmi
Zambullirme en esta lectura ha resultado refrescante y antitético a un tiempo. Una chica musulmana e hija de inmigrantes del norte de África narra una historia, la suya, en paralelo a las de dos amigas. Las vivencias descritas se manifiestan singulares, opuestas en cierto punto y, sin embargo, concordantes sin resquicio de duda alguna.
La ciudad que las acoge se sitúa en la periferia de Barcelona en los años noventa del siglo pasado. Un lugar de edificios viejos, muy altos, que contrastan con los bajos techos de cada vivienda y que la narradora resalta en contadas ocasiones como un recuerdo significativo. Interpreto que la asfixia que sentía en su hogar no se veía aliviada por la justa diferencia entre suelo y suelo de cada planta.
Su familia, fiel a los convencionalismos de una cultura tan lejana para ella como incompatible con su cotidianeidad, cuidaba mucho del cumplimiento de aquellas leyes no escritas que condicionan la vida de ciertas personas de la comunidad a la que pertenecía. En concreto, la vida de las mujeres. Cuenta que la infancia fue una etapa de observación en la que su mente comenzó a despertar de un letargo que su madre habría deseado compartir con ella. Sin embargo, la que narra, de la que no conocemos su nombre porque podría ser cualquiera en su situación, supuso que algo de real debía haber en todo lo que leía en los libros o en las revistas para jóvenes que hablaban de famosos, de sexo, de música, de una libertad, en definitiva, que no respiraba su madre.
Impacta leer que no hay nada en la imagen de su progenitora que ella quiera recrear ni en el presente ni en el futuro.
Junto a ella están Sam y la amiga a la que dirige todo el texto. Vamos recorriendo los distintos episodios sucedidos y compartidos a lo largo de los años, dentro y fuera de la ciudad de la periferia de Barcelona en la que no había margen de movimiento. Cualquier gesto inadecuado era motivo de habladurías, con su consecuente castigo y arrepentimiento forzado. Aunque no en todas las casas. Sam soñaba a lo grande y no encontraba limitaciones en casa. Apoyada y reforzada por su familia, que ignoraba las malas lenguas y destacaban por no dejarse llevar más que por la felicidad que reportara cada acto, sin que ello significara olvidarse de la decencia. Pero decencia es un concepto flexible, interpretado desde distintas culturas y admisible en todas sus versiones.
La otra amiga, a la que escribe todo este libro de recuerdos, está divorciada en Marruecos. Vino ya siendo una joven de segunda por culpa de un matrimonio acordado que salió mal y bien a la vez, porque allí estaba, en Barcelona, con una oportunidad más de crear su destino.
Las tres quieren luchar contra la incongruencia de quienes ellas son y quienes los demás quieren que sean. No a todas les va a salir bien. Quiero a mi familia, pero ¿más que a mí misma? ¿Qué pasaría si tuvieras que renunciar a uno de esos dos amores?
Quieren estar delgadas como las chicas de las revistas, no quieren quedarse en casa como sus madres, quieren tener una profesión, casarse con chicos sin importar la religión si se enamoran, o no casarse y vivir igualmente una historia de amor. Quieren un amor que no duela, un entorno que las valore, estudiar, progresar, elegir… Superar los obstáculos de ser hija de inmigrantes va a ser duro porque salir de la ciudad de la periferia no significa felicidad. Una vez fuera, aparecen el desprecio, la discriminación, la condescendencia, la lástima… No son consideradas ciudadanas de pleno derecho. Son dos mundos enormes y poderosos, y sienten que su felicidad depende de la fuerza y habilidad que consigan para esquivar los obstáculos de uno y otro lado. Parece un callejón sin salida. Es un callejón sin salida. Por eso en los momentos bajos escriben listas, listas de todo lo que han de hacer para que las quieran. Cada lunes se plantean comenzar a ser queridas y cada semana se niegan a olvidar quiénes son en realidad.
Título: El lunes nos querrán.
Autora: Najat El Hachmi
Premio Nadal 2021
Editorial Booket
Año de edición: 2024

